Pintor de gran talento y dotes,
desarrolló gran parte de su obra en Ciudad Real. Fue el descubridor
de Antonio López Torres, a quien prestó orientación y encauzó
hacia la carrera de Bellas Artes.
Realizó sus primeros estudios en
los talleres de Arte Decorativo de Busato y Bonard, en Madrid. Pasó
después a la Escuela de Arte e Industria y, por último, a la Escuela
Superior de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando, donde
ingresó en 1884 gracias a una beca de la Diputación de Ciudad Real.
En la Escuela tuvo como profesor al gran paisajista Carlos de Haes.
Su obra ha sido injustamente
olvidada por la crítica y permanece casi en su totalidad en
colecciones privadas, en el Museo Provincial y en la Diputación de
Ciudad Real.
En los inicios su pintura se ve
influida por el eclecticismo de finales del XIX, pero a partir de 1894
adquiere cada vez mayor altura y vigor. Toma entonces tintes
postimpresionistas, que abren su paleta a nuevos matices. En los
últimos años de su vida redujo el formato de sus creaciones,
pintando magníficas tablillas, que sin duda influyeron en el joven
López Torres, que siempre sintió veneración por la pintura de
Ángel Andrade.