Un texto
de
Antonio López sobre
su tío y el Museo
Mi tío era muchas cosas,
pero una persona absolutamente única. Yo me considero un privilegiado por
haberle tenido tan cerca. Y un tipo de arte absolutamente infrecuente, de
un talento natural inmenso. Yo no he conocido a nadie que a los 20 años o
a los 25, haya hecho una obra tan absolutamente milagrosa. El era una
persona muy complicada. Eran épocas también muy difíciles los 40, los
50. Eran difíciles para todos pero para un hombre como él más difícil.
El vivía de la enseñanza. Actuó de una manera muy generosa. Dedicó
toda su vida a la pintura sin pedir apenas nada.
Considerar que se le marginaba le dolió muchísimo, pero tampoco podía
hacer otra cosa, porque él era como era. Pero aquí está su obra y lo
importante es que vivió hasta sus últimos días pintando.
Mi tío era un artista absolutamente ejemplar. Era un hombre que lo daba
todo y no pedía nada. Pedía lo mínimo. Y eso verlo tan cerca, no se
olvida nunca. Para mí es un placer saber que su obra está aquí en el
Museo.
Antonio López García.
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Es una visita obligada para todos
aquellos que quieran conocer el realismo español del siglo XX, ya que
Antonio López Torres fue uno de sus mejores renovadores en la segunda
mitad del siglo.
Se da la circunstancia, además, de
que su pintura es extraordinariamente difícil de reproducir, tanto en
imprenta como en la red.
Esto se debe tanto a la gama
cromática del pintor, como a su particular técnica y factura, como,
por último, a su reducido tamaño en buena parte de los cuadros y
dibujos.
Conocer la obra de López Torres es
adentrarse en un mundo de sensibilidad y contacto con los valores más
profundos del ser humano, como existen pocos ejemplos comparables en
todo el arte del siglo XX. Un mundo de tal sobriedad y sinceridad, que
sin duda dejará huella en el visitante.

En la imagen, Antonio
López en primer plano, y su tío, Antonio López Torres, más al
fondo, junto a la puerta.
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