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La evaluación:
Del proceso creativo al producto final

Ningún profesor ignora que las evaluaciones, en el sistema educativo, tienen como objetivo medir el grado de aprendizaje del alumno y las capacidades que ha sido capaz de desarrollar. Pero existen muchos tipos de evaluaciones, que persiguen objetivos distintos a lo largo del proceso de aprendizaje.

Algunas de ellas tienen como finalidad detectar carencias; otras, asentar el punto de partida. Muchas se establecen periódicamente para establecer un ritmo de control, de la misma manera que existe un ritmo de aprendizaje.

En diseño tienen particular importancia dos tipos de evaluaciones:

  • Aquellas que tienen como fin ejercer una acción sobre el proceso creativo.

  • Aquellas que tienen como fin determinar la calidad del producto final

En conjunto, de la primera puede decirse que es una evaluación enfocada hacia el proceso.

De la segunda, que es una evaluación enfocada hacia el producto.

La evaluación enfocada hacia el proceso debe ejercerse en todo momento y es importante que el alumno la perciba, ya que es el núcleo de la actividad orientadora del profesor a lo largo de la fase creativa.

Porque los alumnos no pueden trabajar solos delante del ordenador. No deben enfrentarse a los proyectos con la idea de que al final el profesor verá el resultado de su esfuerzo y juzgará la obra realizada.

Para el aprendizaje del alumno la fase creativa, la fase de desarrollo, es más importante que el producto final. Si el profesor detiene el trabajo del alumno y le explica qué tipo de problemas está teniendo o cuál es el camino a seguir a partir de ese punto, además de conseguirse un mejor producto final, lo cual motivará al alumno, éste asumirá valores teóricos y procedimentales sobre cómo vencer dificultades concretas del trabajo práctico.

Hay que añadir, incluso, que en determinadas ocasiones puede ser de interés detener el desarrollo de la clase y explicar estas correcciones de manera abierta para que todos puedan aprender de cada caso particular.

La evaluación del proceso, pues, ha de ir unida a su corrección, señalando siempre los caminos, las herramientas y el tipo de dificultad con la que se ha tropezado.

Si la evaluación y corrección del proceso ha ido bien, la evaluación del producto final es muy improbable que vaya mal. El alumno, llegado ese momento, habrá recibido ya mucha información sobre su trabajo y numerosas indicaciones.

Evidentemente, a medida que el alumno gana en conocimiento y en soltura a la hora de desarrollar un proyecto, la evaluación del proceso perderá tensión y quizá llegue a hacerse menos importante en los alumnos más dotados. Pero nunca debe abandonarse. También el profesor debe creer en su capacidad para ayudar al alumno hasta que éste ha salido de su tutela.

Es necesario evaluar el proceso creativo 
siguiendo directamente los trabajos de todos los alumnos. 
Sin esto, se llegará a la evaluación del producto sin haber resuelto 
las principales dudas que han surgido en el camino, 
y llenos de tensiones.

Acceso a las páginas del autor: www.juanval.net